Desde los albores del desarrollo de la avicultura mundial,
uno de los paradigmas que siempre exige que los técnicos justifiquen
es el de ¿cómo producir pollos más eficientemente
cada año? Normalmente, lo que prevalece son consideraciones de
los no especialistas que atribuyen esta eficiencia al uso de sustancias
indebidas en la alimentación de los pollos, en especial las hormonas
que promueven este crecimiento “anormal”.
Estas consideraciones incorrectas se han vuelto más
frecuentes, especialmente con el aumento del incentivo de que nosotros,
seres humanos, debemos consumir alimentos producidos de “forma natural”.
Cuando se presentan estas informaciones equivocadas en ambientes restrictos,
el daño es irrelevante. Sin embargo, varios médicos y nutricionistas
han escrito artículos, textos y libros, o han usado los medios
de comunicación para presentar sus opiniones, todas infundadas,
comprometedoras y perjudiciales al buen entendimiento del tema. Estos
profesionales no buscan acercarse al sector productivo para entender con
mayor profundidad como ha ido ocurriendo la evolución tecnológica
de la avicultura. Claro, es mucho más fácil declarar, sin
implicarse, que esto ha ocurrido como resultado de actitudes técnicas
indebidas y perjudiciales.
Debido a ello, lo que nosotros, los técnicos,
debemos hacer es no dejar que individuos menos calificados y completamente
alejados del sector productivo, se manifiesten con posiciones basadas
en relatos falsos o, por lo menos, incorrectos. Nosotros tenemos las informaciones.
Disponemos del conocimiento. Entonces, ¿por qué pasamos
por dificultades cuando se trata de presentar hechos verídicos
que servirían para tranquilizar a los consumidores? Porque, para
que esta discusión sea correcta, deberá ser presentada en
el plano técnico, que es poco atractivo. Además, tanto los
especialistas con “opinión formada” como los medios
de comunicación en general, deberán alterar posturas y opiniones
ya “establecidas”. Teniendo en cuenta los daños que
estas posiciones han causado, confundiendo a la opinión pública,
es importante que, además de los técnicos que se expresan
individualmente, las asociaciones sectoriales que representan a la avicultura
y que tan bien han demostrado el grado de profesionalismo del sector,
asuman una posición aclarando que estas informaciones son erróneas,
no favorecen el bienestar de los ciudadanos y que por el contrario, distorsionan
los hechos con argumentos y consideraciones insensatos.
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Claro que la mayor evidencia de la falta de fundamento
de todas estas manifestaciones equivocadas es el aumento del consumo de
carne de pollo en nuestro país y en todo el mundo, desde que esta
actividad se volvió especializada y competente. Este aumento del
consumo ha ocurrido en todas las sociedades, sean ellas de países
en desarrollo o desarrollados. Los productos llegan a la mesa de los consumidores
de forma menos elaborada, como en el caso del pollo entero, pasando por
productos procesados, o como alimento pronto para consumo inmediato.
Por lo tanto, es importante que afirmemos frente a la
opinión pública que la avicultura mundial no usa hormonas
como aditivos en las dietas de pollos. En realidad, existen varias razones
legales y técnicas que justifican la imposibilidad de emplear hormonas.
El propósito de este artículo es presentarlas para aclararle
las cosas a la sociedad, como corresponde.
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Para empezar hay que decir que el progreso en relación
con el rendimiento de las aves, se basa fundamentalmente en una intensa
actividad de investigación en las áreas de genética,
nutrición, sanidad, y en el entendimiento de las relaciones de
estos conocimientos a través del manejo de la producción
de los animales. Los pollos son los animales domésticos que cuentan
con el mayor número de investigadores trabajando para conocerlos
y producirlos mejor. Inclusive es significativo el número de informaciones
que se han obtenido de estos estudios y que se han pasado a aplicar en
la producción de otros animales domésticos, así como
también para mejorar el bienestar de los seres humanos. Ya a fines
de la década del setenta, los investigadores, a partir de los datos
de rendimiento observados, podían prever que los pollos, año
a año, necesitarían de un día menos para alcanzar
el mismo peso obtenido el año anterior. Esta estimativa ha sido
confirmada y, a lo que todo indica, por lo menos por algunos años
más, se continuarán observando estos valores. No obstante,
para los no especialistas este desarrollo no es posible en condiciones
normales y se justifica mediante el uso de sustancias anabolizantes llamadas
hormonas. Esta observación es incorrecta. Es falsa. La razón
para tal desarrollo es simple de entender. Es especialmente a través
del mejoramiento genético que se alcanzan estos niveles de productividad.
En la práctica, en las líneas genéticas industriales,
la selección de las aves se realiza a través de la elección
de los grupos de animales mejor dotados. En dicha selección, animales
con menor velocidad de crecimiento y transformación de alimentos
van siendo descartados, y solamente los más calificados son seleccionados
para formar parte del grupo que servirá de base genética
para la próxima generación de pollos de engorde. Como las
poblaciones evaluadas son numerosas, la presión selectiva se eleva
anualmente cada vez más, conllevando progresos muy significativos
del rendimiento que son poco comparables a otras especies domésticas.
En la práctica, esta selección de los animales más
aptos se viabiliza a través del avance de los conocimientos sobre
las necesidades nutricionales de las aves, de su sanidad y de la mejor
forma de crianza. Esto es lo que posibilita que un animal diferenciado
exprese todo su potencial genético.
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Desde el punto de vista legal, el uso de hormonas o de
sustancias citadas como químicamente similares a las hormonas está
prohibido en varios países. En Brasil, el 06 de enero de 1976,
el entonces Presidente de la República, Ernesto Geisel, a través
del decreto número 76986, artículo seis, prohibió
la adición de hormonas a los alimentos para animales. Por consiguiente,
desde esa fecha no existe la posibilidad de libre comercio de estos fármacos
en nuestro país. Consecuentemente, la primera barrera que la industria
avícola tendría que superar sería el contrabando
continuo y sistemático de productos que contuvieran hormonas en
sus composiciones. Considerando el porte del sector avícola brasileño
y debido al volumen de alimento balanceado producido para pollos de engorde
en Brasil (cerca de 25 millones de toneladas de alimento/año),
este comercio sería imposible de mantener sin que ocurriera alguna
denuncia clara, objetiva y no simples especulaciones livianas sobre empleo
sistemático de productos ilícitos.
Claro que alguien interesado en avanzar en la discusión
podría afirmar que no todo el sector avícola se vale de
esta estratagema. Este sería otro absurdo, ya que los resultados
productivos de la mayoría de las empresas avícolas brasileñas
son evaluados y comparados formal o informalmente. ¿Cómo
podría una determinada empresa quedar satisfecha con peores resultados
sistemáticos, sin tratar de identificar lo que las demás
están haciendo para presentar mejores rendimientos de sus pollos?
El grado de relación de los técnicos y empresarios de la
avicultura nacional, a través de órganos sectoriales y de
sociedades científicas, es tan intensa que resultaría imposible
que las empresas conocedoras de esta tecnología indebida mantuvieran
este “secreto” entre cuatro paredes.
Sin embargo, aún en el campo de la especulación,
sería imposible el desconocimiento de cualquier beneficio de las
hormonas, pues la literatura técnica disponible es universal y
su acceso es libre para cualquier técnico que tenga curiosidad
o interés en consultarla. Es aquí que reside el punto más
importante. La mayor parte de la información disponible en la literatura
internacional indica resultados polémicos sobre cualquier beneficio
para el rendimiento de los pollos de engorde. Durante los últimos
años se han estudiado fármacos denominados beta-adrenérgicos,
que también son consideradas sustancias semejantes a las hormonas,
para la alimentación de los animales domésticos.
Teóricamente,
estas drogas permiten la reducción de la concentración de
grasa e incrementan la concentración de proteína en las
canales de los animales. No obstante, los resultados de las investigaciones
realizadas han demostrado que en pollos de engorde, los beneficios de
estas sustancias son extremadamente polémicos porque en la mayoría
de los casos, no se ha observado que promuevan ningún beneficio
cuando usadas según las recomendaciones. Insisto en decir que este
tipo de información no es privada. Se encuentra ampliamente divulgada
en la literatura científica internacional y, consecuentemente,
está disponible para cualquier individuo con interés de
saber sobre el tema. Otro factor que complica la cuestión es que
además de resultados tremendamente contradictorios, los niveles
en que estos productos deberían utilizarse para que eventualmente
se lograra una respuesta, transformaría sus costos de suplementación
en inviables. Una vez más diría que, incluso si el sector
avícola fuera totalmente inescrupuloso y que, colectivamente sus
miembros, no tuvieran ningún tipo de sensibilidad en relación
con el bienestar del ser humano, tampoco aprovecharían esta alternativa
pues, comprobadamente, ofrece resultados contradictorios y es impracticable
desde el punto de vista económico.
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Otro aspecto importante y que no se puede ignorar, es
que un número significativo de empresas avícolas brasileñas
exporta pollos a varios países del mundo. A propósito, nuestro
país es el mayor exportador de pollos y este año, una vez
más, superará todos las previsiones de exportación.
Nuestra participación en el mercado internacional se basa en la
calidad de nuestro producto. ¿Cómo podría entonces
la industria brasileña correr el riesgo de que su producto fuera
condenado, debido a la presencia de alguna sustancia que compromete la
calidad del mismo?
Por lo tanto, la pregunta que permanece es, ¿por
qué las aves producidas por la industria avícola brasileña
son tan precoces y tan diferentes a aquellas que se producen de forma
extensiva, o de las aves de traspatio (gallinas criollas)? Claro que la
primera razón ya ha sido enfocada y sabemos que se basa en una
investigación extremadamente progresista, dirigida al aprendizaje
de los fundamentos básicos del desarrollo de la especie y también
a la aplicación práctica de conocimientos en la granja.
Los pollos de engorde producidos por el sector avícola, a pesar
de ser de la misma especie de aquellos producidos extensivamente, provienen
de líneas genéticas industriales que han sido genéticamente
desarrolladas a lo largo de los años, justamente para que sean
más precoces, y para que produzcan canales de mejor calidad.
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Una
indagación frecuente es de por qué la canal de los pollos
de engorde producidos por la industria avícola es a menudo menos
amarilla o más pálida y tiene una grasa menos consistente
que la canal de las aves de traspatio. Esto también ha servido
de argumento para que los no especialistas lo adjudiquen al efecto de
las hormonas. La respuesta es muy simple, y una vez más no tiene
nada que ver con el empleo de hormonas. La pigmentación de los
pollos ha sido menos intensa debido al uso de alimentos alternativos,
que no disponen de pigmentos en sus composiciones y que, cuando presentes
no poseen pigmentos para absorción, como ocurre cuando los alimentos
que contienen maíz, alfalfa, etc. Mientras tanto, es necesario
aclarar que producir un pollo más pigmentado es muy fácil.
La coloración amarilla no altera en nada la calidad nutricional
de la canal. Esta característica es puramente estética y
hay países como México, que prefieren canales más
pigmentadas que las producidas en Brasil y en algunos países europeos.
Cabe resaltar que Japón y los países de la Comunidad Europea
son actualmente los mercados importadores más exigentes, y ellos
también buscan pollos que tengan canales poco pigmentadas. Producir
aves mejor pigmentadas no acarrea beneficios extras para la calidad de
la canal, cuesta caro y no está relacionado con el tipo de línea
genética usada. En el caso de que las gallinas criollas o de traspatio
fueran producidas sin alimentos ricos en estos pigmentos, sin lugar a
dudas también sus canales serían menos amarillas. Es importante
decir que el color de la canal no debe considerase como sinónimo
de buena salud del animal sacrificado.
La grasa también es un problema muy discutido.
Los genetistas y los nutricionistas han trabajado intensamente para reducir
la concentración de la misma en las canales y ha habido importantes
avances. La diferencia de la grasa de las aves de traspatio y de los pollos
de engorde de líneas genéticas comerciales, se basa en dos
aspectos esenciales. Para empezar, las gallinas criollas se sacrifican
cuando tienen edad más avanzada y la relación agua:grasa
en sus canales es menor. En otras palabras, aves con más edad tienen,
proporcionalmente, menos agua en la canal y más grasa que se fija
fundamentalmente en el tejido adiposo. Por consiguiente, la grasa de estas
aves es más amarilla y más firme. Mientras tanto, los pollos
de engorde de las líneas genéticas industriales se sacrifican
más temprano, cuando la relación agua:grasa es más
elevada y, proporcionalmente, hay más agua en la canal. Esto le
da a la grasa de la canal una apariencia menos firme y, eventualmente,
menos amarilla, si hubo menos pigmentos en la composición de la
dieta.
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Por lo tanto, es importante subrayar que toda y cualquier
acusación individual o colectiva con relación a la calidad
de la canal de pollos de engorde debe ser cuestionada, pues ha sido hecha
de forma liviana y, en general, sin fundamento. Confundir hormonas con
nutrientes como vitaminas, minerales, aminoácidos, etc. ha sido
muy común. Estas opiniones sin sentido pueden perjudicar a uno
de los sectores más modernos y desarrollados del país, que
ha generado puestos de trabajo, alimento y riqueza, y que no puede quedar
con una imagen de que está produciendo alimentos para los brasileños
y para la población de otros países, de forma irresponsable.
El efecto de estas malas influencias ha sido muy perjudicial. Estos individuos
se valen del desconocimiento de las personas para, con palabras y frases
impactantes, despertar la duda y la inseguridad. Ellos dicen “Dejen
de comer pollo. Las hormonas de los pollos comprometen el balance hormonal
de los seres humanos que los consumen”. Al contrario, nosotros los
técnicos, debemos emplear argumentos como los recién presentados,
diciéndole a las personas que: “No dejen de comer pollo,
pues los pollos son saludables. No dejen de comer pollo, pues los pollos
nos ofrecen una cantidad significativa de nutrientes, por un precio incomparable,
y en las más variadas formas de presentación.”
Finalmente, concluyo afirmando que nuestra misión
como técnicos es de no tolerar estas aseveraciones falsas. Por
otra parte, nuestras asociaciones de clase deberán ser más
rigurosas con todos los individuos que se valen de la falta de preparación
de los ciudadanos para crear un clima de duda e inseguridad.
Autor:
Antônio Mário Penz Júnior
Departamento de Zootecnia de la UFRGS
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